Según palabras de la propia María Angustias, ocurrió algo inesperado, porque mientras le estaba rezando -estaba ella sola en ese momento- el Santo bajó del pedestal y le propió un guantazo que dejó a la anciana sin habla.
Fuentes del Vaticano están estudiando el posible milagro, ya que el Santo es de piedra y en un principio sería imposible su movimiento. Lo que sí es real es la cara hinchada de doña María Angustias, que desde ese momento está contentísima con su chepa y dice que hasta le parece estética...
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